Reina anal


 Era el miedo a lo desconocido antes de aceptar ser una reina anal.

Ahora, abriendo las nalgas, lo ansiaba: sentir su húmedo clítoris, mis dedos masajeando su ano antes de estirar su culo fruncido y penetrar profundamente mis testículos con su circunferencia, antes de inyectar mi ardiente semen usando mi verga como una jeringa llena de placer. 

Que satisfacción lasciva me da ver la longitud y circunferencia de mi carne dura entrando y saliendo de su botón trasero amoldado al tamaño descomunal de mi miembro. Sacarlo abruptamente luego de acabarle adentro y ver el chorro de mi simiente saliendo de su culo bajando hasta su raja mojada me hace mantener mi erección por mucho tiempo hasta buscar acabarle nuevamente en la boca... 

Santiago Leonardo Lupo 


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